Empezar la web de una empresa bebé (1ª parte)
Estamos acostumbrados a que los desarrollos sean para empresas ya constituidas, sólidas y con las cosas claras. Pero ¿cómo enfrentarnos a una empresa recien nacida y con gran proyección?
Desde el mismísimo primer boceto a lapiz y papel tenemos que tener claro que los objetivos que persigue una compañía que va a crecer no van a ser los mismos en el parto que cuando se gradúe en la universidad. Al principio ni tendremos contenidos, ni prestigio de marca, ni una idea clara del negocio (por muchos planes de negocio que se hayan hecho).
Ser capaz de ver el crecimiento y necesidades de un embrión (llamarlo espermatozoide me parecía un poco feo) a largo plazo es complicado, por eso es muy probable que dentro de unos años los prototipos que ahora estamos haciendo nos sirvan como mucho para ocupar espacio en el disco duro, pero hay que mojarse, arriesgarse y hay que tomar decisiones. Hay que ser valientes. Pero sobre todo hay que exprimirle la cabeza al máximo al padre de la criatura, preguntarle cosas que ni siquiera él se haya planteado. El proceso puede alargarse pero ¡¡queremos hacer un buen trabajo!!
Es muy probable que si con las dos o tres primeras fases de desarrollo acertamos tengamos un cliente para muchísimo tiempo. Lo importante es explicarle al cliente las fases y que las entienda.
Ya iré contando con el tiempo si esta teoría funciona o no, y si hemos acertado con las fases de desarrollo (rediseños o como quiera llamarlos cada cual) de la web.